El
ser humano y su comportamiento está influenciado por los estímulos que recibe
de su entorno y la cultura no está ajena a ello. Ese conjunto de aportes,
descubrimientos, realizaciones o creaciones producto de la actividad racional
del humano, impacta la conducta desde los tiempos remotos. Los museos,
exposiciones y galerías de arte, los monumentos, bibliotecas, lecturas, artes
escénicas, la música, entre otras, modifican los pensamientos y sentimientos de
los consumidores sirviendo de influencia en la cultura de las sociedades.
Es
importante resaltar dos definiciones en este trabajo:
“La
cultura es el resultado o el efecto de cultivar los conocimientos humanos y de
afinarse por medio del ejercicio de las facultades intelectuales del hombre”.
Un enfoque antropológico-sociológico lo define como el estilo, modo de vida y
mentalidad de una colectividad que engloba dimensiones cognitivas y sociales
(Cuadrado et. al., 2002).
“El comportamiento del consumidor lo podemos
definir como el conjunto de actividades que realizan las personas cuando
seleccionan, compran, evalúan y utilizan bienes y servicios, con el objetivo de
satisfacer sus deseos y necesidades, actividades en las que están implicados
procesos mentales y emocionales, así como acciones físicas” (Blackwell et. al.,
2002).





